miércoles, junio 28, 2017

Y los muertos salieron a la calle: cuando millares se empeñaron en ir en busca de la maldición de Dios


A los escritores, a todos, nos gusta hablar de nuestros libros. Por eso me gustaría decir unas pocas cosas más sobre La tempestad de Dios. El capítulo I fue poco menos que un impulso incontenible. Una vez que estuvo escrito de un tirón la médula de ese capítulo, una vez cometido el crimen, supe que ya no tenía alternativa: tenía que escribir el libro entero.

Recuerdo esa noche calurosísima a la perfección. Viví esas páginas. Fue una tormenta literaria. Lo dicho, el resto del libro ya era inevitable.

Creo que los obispos han hecho lo correcto respecto al tema del libro. Los obispos deben actuar con prudencia. Es un deber. Insisto en esto, para que no se piense que en mí hay juicio alguno respecto a su silencio. Alabo su silencio. Lo digo con toda sinceridad.

Ahora bien… soy libre. Y yo puedo hablar por el silencio de muchos. Yo puedo clamar donde otros callan. Una sola voz humilde, puede atronar por miles de voces.

El libro ya está escrito, lo estaba desde hacía más de un decenio. Ya nadie podrá evitar que se lea, que se reproduzca. Mucha gente conocerá otra visión acerca de este asunto que afecta de forma directa e inevitable a la Iglesia. El asunto del que trata el libro tiene incontables ramificaciones eclesiásticas, incluso teológicas. En el libro subyace toda una teología de la Historia. El libro es una lectura de un periodo de ciertos años del siglo XX a la luz de los profetas del Antiguo Testamento.

Se han hecho muchas lecturas de esos años. Últimamente no se han hecho lecturas teológicas de esos hechos tomados en conjunto. El libro hará rabiar a muchos. Se escandalizarán y se enfadarán. Este libro no espera ni el más mínimo apoyo de nadie importante. Pero estoy seguro de que haré muchos se emocionen ante la prosa de estas páginas, como si estuvieran ante un poema. Sé que haré llorar a algunos lectores. Y no tengo la menor duda de que miles de lectores al cerrar el libro, exclamarán: ahora veo con claridad.

martes, junio 27, 2017

Otro libro mío que saco a la luz: La tempestad de Dios



















Hoy os voy a regalar a todos una nueva novela mía. Se titula La tempestad de Dios. El libro presenta a un Franco anciano en un sillón de El Pardo, tras la muerte de Carrero Blanco. Un dictador que va recordando su vida. El libro es eso y sólo eso: un anciano recordando su vida. Como es lógico da su versión de los hechos y las personas. Pero se trata de una biografía centrada en los pequeños detalles de una existencia, no en narrar los hechos históricos. La narración de los grandes hechos no interesan a la esta novela, sino la persona, el ser humano. Mi propósito fue escribir una especie de Memorias de Adriano, sólo que escrito con la voz de Franco.

Esta novela la escribí hace más de doce años, pero es la única que no me he atrevido a publicar. Tenía un justificado temor a que me calificaran como un cura de derechas. Cuando la realidad es que podría haber escrito la misma novela centrándome en la persona de Durruti. Haber construido la misma novela con Buenaventura Durruti como protagonista no me hubiera hecho anarquista.

Sin duda nadie me hubiera tildado de izquierdista por haber escrito esa otra novela. (Si tuviera tiempo, desde luego, me seguiría gustando escribirla.) Pero los fanáticos sí que me tildarán de derechista por haber escrito una novela sobre Franco.

¿Por qué un sacerdote tiene que escribir sobre este tema? Los que lean el libro comprobarán que, ante todo, es un libro acerca de la religión.

¿Por qué la publico ahora después de trece años? Porque estoy seguro de que dentro de pocos años ya no podré publicarla. No tengo la menor duda de que este libro pasará a estar prohibido por las leyes. Estoy seguro de que éste será uno de los libros que tendré que retirar de la Biblioteca Forteniana a no ser que quiera recibir una multa.

Una última cosa, el primer capítulo de esta novela son de las mejores páginas que he escrito en mi vida. Eso sí que fue inspiración arrolladora. Me acuerdo de esa lejana noche de verano en la que tecleaba y tecleaba a toda velocidad (escribo muy rápido) sin dejar de llorar. Fue, en verdad, un primer capítulo épico.

Como siempre, aquí:

domingo, junio 25, 2017

Las arañas que recorren la Red


El mensaje de Lisa Marie ciertamente tenía toda la pinta de alguien que trabaja para Google, lo cual me enorgullecería: significaría que este blog merece ser monitoreado. También puede ser (creo que eso es lo más posible) que su mensaje fuese un mensaje automático puesto por un robot.

Pero si se han molestado en programar un robot para eso, es porque decenas de miles de usuarios se quejaron de que les quitaran una posibilidad a su libertad.

Por supuesto, lo que decía Lisa María lo conocía. Perdí mucho tiempo en foros y la página oficial de Chrome, para ver si podía aparecer el blog del versículo complutense nada más abrir Chrome: ¡y no se podía! Había que hacer click en Home cada vez. Primero había que pasar por la propaganda.

El asunto de Gettty Images y Google Images me parece muchísimo más turbio. Amazón logró crear un monopolio para la venta mundial online de libros. La tentación de que Google Images crease un cuasimonopolio con la venta de imágenes a nivel mundial es una tentación muy fuerte.

¿Google logrará vencer las tentaciones a las que está sometida? Si duda, no. Es una mera cuestión de tiempo. Pero lo que me preocupa no son estas pequeñeces, sino que algún día el 51% de Google caiga en manos de China, comprando y recomprando acciones a través de empresas interpuestas. Presionando a las compañías para que les vendan su parte. Nadie se sentiría culpable de vender su 4% a una corporación holandesa, sin saber que esa corporación la iba a vender un mes después.

Una China que lleva invirtiendo ríos de oro para comprar las fuentes de producción de materias primas en África, por supuesto que ha puesto sus ojos en Google. Cómo no va a ser una prioridad para ellos.

Los movimientos para apoderarse de Google seguro que llevan muchos años en marcha y que deben ser dignos de la mejor película de complots. Lo que antes era un Bello Galico para engrandecer el Imperio, ahora es un Bello Googlelico para la gloria del nuevo imperio. No interesan tanto ahora las regiones físicas, como las regiones de Internet. Google en sí es un imperio. Y el imperio físico asiático intentará conquistar ese imperio digital.

Por supuesto que las legiones occidentales intentarán defender sus límites digitales. Pero la determinación de las falanges orientales, el suministro incesante de recursos sin límite, la capacidad para conjurar que viene del Este no tiene rival.


La lucha por Google sí que es una lucha por una pieza clave en la dominación mundial de la economía y la libertad de expresión. La pervivencia del poder de Pekín quedaría apuntalada durante una generación si lograra apoderarse de ese territorio inmaterial. Ésta es una victoria tan codiciada que los jerarcas de esas inmensas tierras asiáticas, sin duda, han dado esta consigna a sus servidores cortesanos: No reparéis en gastos.

Ya no me fio para nada del futuro de Google


Hace tiempo abrí un blog en el que aparecía, cada pocos días, un nuevo versículo de la Biblia. Era un blog para ponerlo como Home en el navegador y que llenaba la pantalla de blanco con el versículo en el centro. Al abrir el navegador, el versículo aparecía automáticamente.

Pero dejé de actualizarlo, porque Google Chrome, un buen día, decidió que no podías poner una web que se abriera automáticamente. Ellos querían poner su propia web y sus anuncios. A partir de ese momento, sólo te aparecía el Home si hacías click en ese botón.

Miré en foros a ver si había alguna opción para evitar esto, pero no la había. En esto, como en más cosas, se va optando por el dinero en vez de por el bien común. Algo que me parece muy mal, porque Google es prácticamente un monopolio. Pero da la sensación de que siempre se quiere un poco más dinero. Otra cosa muy fea de Google es que obligó a todos los usuarios a aceptar la nueva versión de navegador hace cosa de un año. No te dio opción a seguir con la antigua.


Esto es como Imagenio, que para acceder a tus propias grabaciones no puedes hacerlo directamente, tienes que pasar por dos páginas de propaganda de forma inevitable. En el mando hay botones para todo, hasta para las cosas más triviales. Pero no hay un botón para ir directamente a tus grabaciones, primero la propaganda. 

Google ha tenido varias actuaciones en los últimos años en que lo último en que ha pensado ha sido en los usuarios. Como cuando un buen día casi todas las imágenes buenas de los resultados de Google Images eran propiedad de Getty Images, de pago. Después aflojaron la cuerda, claro. Aquello era un escándalo. Una vez creado el monopolio... es lógico pensar que cada vez vayan ordeñando más a las ovejas.

sábado, junio 24, 2017

Hoy un post rollo


Interrumpo mis posts sobre la excursión, sólo para decir algo muy aburrido, tremendamente aburrido, pero que es lo que he estado haciendo al final del día y ya no tengo tiempo de escribir nada más. He hecho una añadidura a mi libro La decadencia de las columnas jónicas. Porque me he dado cuenta de lo útil que resultaría establecer algo paralelo a la línea de sucesión presidencial con el resto de poderes constitucionales de una nación.

Un futuro pretendiente a dictador podría ser el causante de una explosión que acabase con la vida de todos los miembros de un poder constitucional que le estuviese obstruyendo su camino a la tiranía. Para el Poder Ejecutivo resulta relativamente fácil organizar una explosión y después culpar de ello a determinados terroristas. Eso sería la excusa perfecta para endurecer su campaña de represión de libertades.

Para evitar esa posibilidad, debe establecerse algo parecido a la línea de sucesión presidencial con los otros poderes. Por ejemplo, si falleciesen todos los miembros del Tribunal Supremo. De forma automática, sus suplentes deberían tomar posesión de sus puestos en el Tribunal Supremo. Cada miembro de ese Tribunal, al ser elegido, debería, cuanto antes, designar a su suplente.

Lo mismo debería suceder en el Senado o en el Congreso. Cada miembro de uno de los poderes constitucionales debería designar con entera libertad a su suplente en caso de muerte o incapacidad física.

Los nombres de los suplentes de todos los poderes se guardarían en varias localizaciones distintas.


Puede parecer que tantas precauciones son excesivas. Pero el premio para el infractor no es un banco o cien kilos de oro, sino que es toda una nación. Los poderes constitucionales son contrapesos. Una sola explosión puede hacer desaparecer un contrapeso. No habrá problema si en los poderes supervivientes hay buena voluntad. Pero si en los poderes supervivientes no hay buena voluntad, la nación quedará indefensa.

jueves, junio 22, 2017

La excursión diocesana de los curas (tercera parte)



Don Luís, nuestro canónigo, nuestro querido único canónigo, iba en la primera fila del autobús. Estuve pensando que si teníamos un accidente y salía despedido a través del cristal delantero, los periódicos podrían decir, con toda razón, que el entero cabildo catedralicio salió volando del autobús. Sería un caso único en la historia eclesiástica: el caso de un cabildo volador, la aniquilación de todo un capítulo en un solo accidente.

¿Y si hubiéramos tenido un accidente y hubiéramos fallecido todos? Se me ha pasado por la cabeza la cara que pondría el nuncio si le dieran la noticia de que la mitad del clero de una diócesis había pasado fulminantemente del estado de viadores al estado de purgación. No es de descartar que alguno hubiera pasado directamente a otra morada.


Las veces que he tenido hospital y no he podido ir a la excursión, me preguntaba: ¿si nos quedáramos la mitad en la diócesis, los escalafones (como en el Ejército) correrían hacia arriba automáticamente? Durante años, consideré ésa la única opción razonable para pensar en un ascenso en mi caso.

miércoles, junio 21, 2017

La excursión diocesana de los curas (segunda parte)



El viaje hasta Cuellar se hizo largo. Pero allí estaba el padre Atanasio amenizándonos el trayecto con el micrófono. Es un buen hijo de san Juan Bosco y parece ser que existe una tradición en la congregación de amenizar y hacer agradable la vida, a diferencia de otras congregaciones que se han especializado “en otras cosas”. Este dinámico salesiano nos distrajo los kilómetros con una larga charla sobre la cizaña.

Todos pensábamos que la cizaña era el nombre dado a todas las malas hierbas que crecían en el cultivo. Pues no. Error. Es una especie concreta: el lolium temulentum. Durante su charla científica todos llegamos a odiar la cizaña como no lo consiguió ningún sermón espiritual. Temí, incluso, que esa noche llegara a soñar que mi cuerpo quedaba invadido por la cizaña.

Estoy seguro de que su charla ha supuesto un antes y un después en las predicaciones acerca de la cizaña en la diócesis de Alcalá. Ningún cura podrá ya predicar en los próximos cuatro o seis años sobre esa parábola sin que al momento le venga la cara de este salesiano.

La charla fue tan buena que cuando acabó grité desde la mitad del autobús, me había cambiado de asiento: ¡Háblanos de las calabazas y pepinos de Egipto!

Pero al salesiano era difícil darte gato por liebre, y tras una breve dubitación me preguntó: ¿No eran pepinos y puerros?

Sí, los salesianos no han nacido ayer. Efectivamente, el versículo reza así: ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, y de los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos! (Números, 11, 5).

Si hubiera citado las cinco especies, en ese momento me hubiera convertido en su admirador. Aun así, me quedé impresionado tanto por la cizaña como por los puerros. De manera que le grité desde mi asiento: ¡Háblanos de la cizaña eclesiástica!

Cada una de estas intervenciones provocaban el jolgorio general del clero allí reunido. El viaje era tan largo que cualquier cosa les distraía y hasta les hacía sincera gracia.


Fue así, en ese ambiente tan sano que recordaba a los mejores momentos fundacionales de los discípulos de san Francisco, que llegamos a Cuellar. Pero eso, será otro post. 

Claro que todo no se podrá contar. Por ejemplo, debo dejar en la penumbra el momento épico en que un cura lleno de celo intentó que cierto párroco del postconcilio más radical (ya ahora anciano) se hiciera del Opus Dei. Dejando aparte si hubiera sido bueno o no que se hiciera del Opus, hay que reconocer que contado por él mismo fue apoteósico.

La excursión diocesana anual de los curas (primera parte)






















Hoy me lo he pasado muy bien. Hemos tenido todos los curas de la diócesis la excursión anual. Una vez al año nos vamos juntos a algún lugar no demasiado lejos. En este caso, nos hemos ido a Cuellar, donde está la exposición Las edades del hombre. Cómo se nota que esa exposición la organizan las diócesis: nos hemos encontrado a curas de Astorga y de Tarazona.

Pero el momento más entrañable de todo el viaje ha sido, cuando después de comer, nos hemos montado en el autobús y nos hemos quedado casi todos traspuestos de regreso a la diócesis. Tras un tiempo indeterminado me he despertado y he mirado hacia atrás. Iba en la segunda fila, porque me mareo mucho. La primera fila estaba ocupada por curas que me imagino que se marean más. 

Pues como os decía, he mirado hacia atrás y he visto a todos los párrocos, capellanes, coadjutores y vicarios episcopales en el más bendito de los sueños. Qué caras de placidez, qué buena conciencia. Sólo el secretario del obispo estaba en la última fila velando por todos, eso sí, charlando con un cura. Su juventud y energía le hacían y le harán siempre inasequible al sueño.


Cuando les he visto en esa situación de beatitud, he pensado: otro año, para otra excursión, tengo que traer una araña de plástico de esas bien gordas. En fin, mañana seguiré, porque una excursión de éstas tiene mucha tela que cortar.

lunes, junio 19, 2017

Sigo con los posts sobre el obispo en la Edad Media


Voy a continuar con los anteriores posts acerca de los obispos medieval. Me sorprendió que me dijerais que os habían interesado mucho esos posts. Así que continuo.

No es fácil saber qué tanto por ciento del clero había caído en el concubinato. Eso variaba de unas zonas de Europa a otras zonas, y de una época a otra. En los reinos de España, incluso los momentos más relajados de la Edad Media, fue muy raro. Mientras que en algunas zonas del Reino de Francia fue más frecuente en alguna época concreta. Cuando uno escucha las protestas de los predicadores más austeros de esos siglos, queda claro el pecado, pero no queda clara la frecuencia de la inmoralidad.

No hay duda de que hubo obispos que vivían en esa situación de pecado grave. ¿Decían misa todos los días? No. Tenían un pavor terrible al castigo divino. Si un obispo caía en el concubinato, se tranquilizaba a sí mismo recordándose que el sexo era algo natural, que mucha gente (tanto de sus sacerdotes como de sus fieles) lo comprendía sin escandalizarse, tenía confianza en perdón divino. Pero a lo que sí que los medievales tenían una impresionante reverencia era al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. El obispo en pecado tenía pavor a entrar en contacto con ese Misterio sagrado en el que estaba presente el Dios terrible.

Había muchas leyendas acerca de la salvación en el último momento. Leyendas que insistían en la confianza que había que tener en el perdón divino. Pero había grandísimo temor al castigo divino si uno cometía semejante sacrilegio. Creían en un Dios de los cielos comprensivo con la debilidad de hombres hechos de barro. Pero que castigaba ejemplarmente el sacrilegio. Ay del que profanara los misterios sagrados. No importaba si uno era arzobispo, cardenal o sumo pontífice.

Por esta razón, había obispos que no habían celebrado misa durante muchos meses. Si uno celebraba misa, debía estar confesado. Y eso significaba arrepentimiento y propósito de enmienda. La lógica escolástica era rotunda, sin duda alguna era preferible no comulgar en Pascua de Resurrección, antes que hacer un acto sacrílego, echando el Cuerpo Santo de Nuestro Señor en un lugar inmundo.

Casi todos los obispos, pecadores o no, asistían a misa diaria. Su ausencia hubiera sido demasiado notada. El obispo vivía justo al lado de la catedral, contiguo a ella. El prelado no solía vivir en las dependencias de la catedral con los canónigos. Aunque al principio hubiera tenido su residencia inserta en el complejo de viviendas de los canónigos, siempre llegaba un prelado que mandaba construir una residencia aparte. Eso sucedía siempre, antes o después.

Aunque se le llamase “palacio episcopal”, se trataba de una amplia residencia urbana con muchas dependencias. Los obispos querían vivir aparte de los canónigos, en compañía de sus más allegados: uno o dos clérigos de su máxima confianza, un siervo y un ama de llaves que llevaban toda la vida con él. Allí recibía a familiares y amigos. Las comidas eran totalmente distintas de las de los canónigos, lo mismo los muebles, tapices y el resto de la ornamentación. Por eso el palacio episcopal, aunque contiguo, era un edificio totalmente aparte. El obispo quería intimidad y llevaba un nivel de vida superior al de sus canónigos. Si esto ya pasaba con los abades de algunas grandes abadías, cuánto más con el obispo que no era religioso, que no había hecho voto de pobreza  y que no tenía por qué llevar una vida de comunidad. (Mañana continuaré.)

domingo, junio 18, 2017

Post visual, en parte debido a que hace mucho calor

Me gustaría tener una biblioteca así. Así y de este tamaño.



















Qué bonita esta reinterpretación del Santo Sepulcro que se encuentra en un monasterio ruso.



















Es una pareja de la época victoria. Pero después de tanto tiempo, se nota cuánto se querían. Que suerte de tenerse. Qué fácil debía ser vivir el uno junto al otro. Es mi foto favorita de toda esta serie.





























Porque no sólo me alimento de cosas góticas.



















Me gusta veros sonreír.





sábado, junio 17, 2017

Jesús y el Vaticano


Si Jesús de Nazaret, el bueno, humilde y sencillo Jesús se apareciera a alguna persona, le preguntaría severo:

—¿Quién eres tú para juzgar a mi vicario?
—Es que…

—¿Cómo osas estar seguro de que Yo no lo escogí precisamente a él para dirigir a mi Iglesia? ¿Estás totalmente seguro de que no envié a mi Espíritu Santo para inspirar a mis cardenales reunidos en oración?
—Es que va a destruir a la Iglesia, es que no es ortodoxo, es que… populismo, divorcio…

—¡Calla! Sí tu hubieras vivido en los tiempos del Evangelio, hubieras atacado a mi Pedro como ahora atacas a su sucesor.
—¡Pero la Iglesia! ¿Cómo no voy a reaccionar ante el escándalo…?

—Si vas a seguir defendiendo a mi Iglesia sembrando la duda, la división y la cizaña, Yo te digo: Más vale que te vayas de mi Iglesia. Más vale que vayas a servir a quien quiera ser servido así.
—¿Cómo voy a callarme si está negando el magisterio de Juan Pablo II?

—El mejor amigo de ese santo sigue vivo: ahora se llama Benedicto XVI. Sus palabras ya te acusan ahora.
—Yo sólo quiero servir a la Iglesia.

—Pues ten cuidado, no sea que cuando mueras recibas la retribución de los enemigos de Cristo.
—Son unos tibios, se han amoldado al mundo, son…

—La Palabra de Dios es verdadera. Te lo aseguro: juzga y serás juzgado.
—Siempre seré fiel a la doctrina de siempre. ¡No he sido yo el que ha cambiado!

—Eso decían los fariseos que me condenaron.
—¡Es él el que lo está cambiando todo!


—Yo ya te he advertido. Sigue el camino que quieras. Gran sorpresa para ti será el juicio.

viernes, junio 16, 2017

El blog como diálogo


Acerca del post anterior, he leído vuestros comentarios. Y me gustaría decir algunas cosas, sólo sobre unos pocos comentarios. Mi estimada Anxelina escribió:
Sólo que espero que lo convenzamos nosotros más que él en su diferencia.
No, no se le invita a nuestra mesa para convencerle. Tampoco invito a un judío a cenar conmigo para convencerle. Ni a un evangélico le invito a dar un paseo para decirle: ven a pasear conmigo, a ver si te convenzo. No se puede instrumentalizar la amistad. No se puede instrumentalizar el afecto. Al otro se le quiere como es.

Carlos M. escribió:
Tenía entendido que la sabiduría nos venía de Dios, a través de toda su revelación. Entendía que la Iglesia es columna y fundamento de la verdad, y que éramos nosotros los que iluminábamos al mundo. Ahora resulta que requerimos de masones, ateos, protestantes, marxistas etc. para llevar luz a nuestra Iglesia. Cada vez es más evidente la crisis e infección dentro mi amada Iglesia.
La sabiduría de Dios la presentamos sin soberbia. A pesar de custodiar ese tesoro de sabiduría, escuchamos a todos. Precisamente, Nuestro Maestro en el Evangelio nos mostró esa dulzura en el obrar, esa sencillez. La Iglesia es una madre que llama a todos sus hijos alrededor de ella, y no sólo para que la escuchen y se queden quietos. A veces les pregunta sinceramente. Es decir, con verdadero interés por saber qué dicen, qué piensan.
Carlos, no juzgues a la Iglesia. No sea que Jesús reciba con más alegría a ese profesor que se ha portado bien con la Iglesia, que a un hijo de la Iglesia que ha juzgado a su madre y la ha criticado.

Miguel Alberto Grosso escribió:
Usted está seguro que de tanto hacer exorcismos no se le pegó “el que le dije”? Se lo pregunto porque su reflexión me parece tan estúpida y necia que solo “el que le dije” le pudo haber obnubilado el entendimiento a un hombre que, supongo, inteligente. Padre: qué le preocupa? Su carrera?
No sigo escribiendo tu largo comentario. Hay en ti demasiada pasión, demasiada ira contenida para dialogar. Sin serenidad no hay diálogo. Tu intención, al principio, podía ser buena. Pero por defender la ortodoxia has caído en sentimientos que Jesús no bendice. Construye el Reino de Dios, construyendo. No quieras construir, destruyendo.

Lt1 escribía:
Padre Fortea usted para mí es un sacerdote de proba ortodoxia y entiendo que está intentando seguir la línea del Papa para intentar Olvidar o cubrir el cisma dentro de la Iglesia, pero considero que se ha llevado a la Iglesia a un punto muy doloroso ya, por lo que le pido reconsidere su postura. Lo que menos espero de usted es una declaración cismatica pero si me gustaría leer de su parte la defensa de la verdad.
Saludos Con cariño.
A Lt1 sí que se le ve sereno, se puede dialogar contigo. Ahora no lo haré porque este post se va alargando mucho y mis lectores tienen que hacer deporte, sacar a sus hijos de paso y lavar los platos. Pero sí, yo admito la diversidad de opiniones. El cardenal Paglia, también. Vuestra Madre la Iglesia por supuesto. Lo único que os pide vuestra Madre, es que no hiráis, que no juzguéis a las personas, que seáis humildes. Hay diálogos constructivos y diálogos que no lo son. Sed humildes, en la Iglesia hay grandes maestros. Y grandes profetas. Y los profetas, es decir, los místicos, os piden que améis a vuestra Madre y al Vicario de Cristo en la tierra, os piden que améis a los obispos y sacerdotes. Si alguien cree que puede ir esparciendo veneno contra los cardenales y los sucesores de los Apóstoles, y después creer que uno es fidelísimo hijo de la Iglesia (más fiel que esos obispos) se equivoca. Es con el amor con lo que se sigue a Jesús, no con las armas de la ira.
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Fortea despidiendo el post por hoy: Mañana seguiré con más comentaristas, ahora tengo que rezar el breviario y después ir a celebrar la misa. Pero vuelvo a afirmar con toda seguridad que yo estaré al lado del Vicario de Cristo pase lo que pase. Ubi Petrus ibi Ecclesia. Apoyaré y amaré a este Papa y a su sucesor y al sucesor de su sucesor, aunque personalmente sean de las líneas teológicas y del estilo más diferente posible. Serán radicalmente distintos, pero ya tienen mi apoyo antes de que la Providencia quiera o permita que lleguen al solio de Pedro. En ellos veo al dulce Cristo en la tierra. La persona humana ante mis ojos queda eclipsada. Lo siento, pero sólo puedo ver la sacralidad que les rodea.

jueves, junio 15, 2017

¿Un abortista en la Pontificia Academia para la Vida?


En los últimos días, han sido numerosísimos los artículos contra el cardenal Paglia por haber nombrado como miembro de la Pontificia Academia para la vida a un profesor de Oxford, el cual había dicho públicamente que traza la línea del aborto en la decimoctava semana de gestación. Los titulares de algunos blogs católicos han sido muy duros. Titulares que venían a resumirse en la pregunta indignada de cómo se puede nombrar para ese puesto a un abortista. Por supuesto que la mayoría de los ataques al cardenal Paglia, en el fondo culpabilizaban al Papa sin mentarlo. Ataques que venían a decir que en la Iglesia ya está todo manga por hombro.

¿Cuál es mi opinión sobre el tema? No obtendré ningún beneficio dando mi sincera opinión, aunque sí que ganaré unos cuantos indignados más contra mí. Aun así, la compartiré con vosotros.

En un lugar como esa academia pontificia, resulta utilísimo escuchar con toda la frecuencia posible a aquellos que no piensan como nosotros. No sólo escucharles, sino también invitarles a la mesa a dialogar. Si sólo dialogamos con los que piensan como nosotros, nuestro diálogo se transforma en algo menos enriquecedor. Nuestro diálogo no debe convertirse en monólogo. Así que no me parece mal que en las congregaciones romanas haya presencia ordinaria de protestantes, ortodoxos, judíos, musulmanes y ateos.

Así que felicito y me congratulo por la elección del profesor Nigel Biggar. Perdone que le haya llamado abortista. No tengo la menor duda de que su postura es mucho más profunda y razonada (algo he leído de usted) como para resumirla con esa palabra. 

En mis libros he desarrollado una teoría de la Iglesia como Iglesia Madre de todos los cristianos y guía moral de todos los hijos de Dios. La jerarquía, hasta cierto momento del siglo XX, fue jerarquía de la Iglesia y sólo de la Iglesia. En el siglo XXI, cada vez quedará más claro que la Iglesia es escuchada con respeto por todos los hombres de buena voluntad, y que por tanto debe hablar para todos; con el respeto que se debe esperar en su discurso en una situación como ésta.


Mientras ésta es la realidad a la que nos dirigimos, otros siguen aplicando un esquema de Cristiandad, de Sacro Imperio. Lo que fue bueno o útil o aceptable u óptimo en su momento y circunstancias, puede ser inadecuado en otro. Francamente, los esquemas mentales de algunos están totalmente en otro tiempo.

miércoles, junio 14, 2017

Siguiendo con el tema de las vestiduras de los obispos medievales








Cuando un obispo iba a caballo, vestía (como los seglares) una túnica corta con pantalones. Así hacían cardenales o Papas. Los clérigos que llevaban túnica se arremangaban la túnica larga hasta la cintura, dejando las piernas a la vista cubiertas por pantalones. Si uno tenía tanto dinero como para mantener un caballo, también tenía dinero para comprar una túnica corta y unos pantalones. Salvo el alto clero, el resto de sacerdotes iban a pie o en burro.
En las grandes celebraciones, el obispo llevaba medias litúrgicas de seda, calzado litúrgico con brocados, quirotecas (guantes litúrgicos), tunicela de subdiácono y tunicela de diácono. Todas estas vestiduras muestran el deseo de cubrirse enteramente con prendas sagradas para la acción litúrgica ante Dios. Hay que hacer notar que estas prendas de los grandes pontificales suponen cuatro capas una encima de la otra (alba, dos tunicelas, casulla) más las dos de las vestiduras no litúrgicas (camisa y túnica): en los grandes pontificales, en total, se celebraba con seis capas de vestiduras.
Bajo la mitra llevaba una prenda de tela llamada “cofia”, normalmente de lino blanco y con dos tiras de tela para atarlo bajo la mandíbula. La cruz pectoral se llevaba sobre el alba, nunca sobre la casulla. Porque, al oficiar ante el altar, se recalcaba la unicidad de la cruz, de ese misterio redentor, con la presencia de una sola cruz: la cruz del altar. La personal del obispo debía ir oculta bajo la casulla.

La vestidura del obispo medieval

(Por alguna razón, hoy no puedo cargar ninguna imagen.)
Lo que la gente suele saber de este tema es lo que ha visto en las películas. Y en las películas, los obispos siempre suelen aparecer con su mitra y su casulla en todas partes: sea una recepción real en un palacio, sea al llegar a caballo a un pueblo. Eso es un gran error. Los obispos iban vestidos liturgicamente sólo para los actos litúrgicos. El resto del tiempo iban vestidos de un modo secular o con un hábito talar.

Muchos clérigos seculares vestían como los laicos. No había un hábito talar unificado ni siquiera en cada país. El hábito talar del clero secular tendía a imitar la túnica de los monjes benedictinos. Si un clérigo quería vestir de un modo más acorde a su estado, se ponía una túnica más larga, como era costumbre ceñida con un cinturón. Si quería vestir más acorde con su estado clerical, vestía colores más oscuros. Lo ideal era el color negro, ya asociado al estado de consagración gracias a las impresionantes y omnipresentes abadías benedictinas.

Se consideraba que lo mejor era que el clérigo no vistiera de forma colorida o con telas estampadas o caras o con franjas ricamente trabajadas. La sencillez de la túnica concordaba con el estado clerical. Su color oscuro, con la sobriedad que debía acompañarle. Los obispos en esta época ya llevaban cruz pectoral y anillo. La túnica no siempre era de color oscuro. Algunos obispos optaban por colores más mundanos y por telas más finas.



Si tenían frío se colocaban una muceta gruesa de lana que hacía las veces de un jersey. Ése es el origen de las actuales esclavinas de los obispos. Si tenían todavía más frío, se colocaban una capa, del color que fuera. Capa amplia en la que podían arrebujarse. Eso daría lugar a las capas principescas que llevarían obispos y cardenales desde la época del renacimiento. Si tenían frío en la cabeza se colocaban distintos tipos de sombreros. El sombrero clerical nunca estuvo unificado hasta el siglo XIX, y incluso entonces no del todo. Uno de esos sombreros era el camauro, que lo llevaban los obispos también. En el siglo XVIII, el camauro de verano de los Papas iría haciéndose más pequeño, hasta llegar a ser el solideo actual, que nunca tuvo nada que ver con la kippá judía.  Otro sombrero era la birreta, con distintas hechuras según los países. La cual era como una boina de lana y que daría lugar a la birreta actual. Cualquier clérigo podía tener una capucha en la parte de atrás de la muceta. Incluso los campesinos usaban esas mucetas y esas capuchas. 

lunes, junio 12, 2017

Apuntes míos catedralicios













Cuando acabé de escribir La catedral de san Agustín, ensayo con cuya escritura disfruté mucho, se me ocurrió que yo, entusiasta admirador de la Catedral de Canterbury, y que había leído no poco sobre ese templo medieval que me fascinaba, debería escribir un breve ensayo sobre la catedral de Tomás Becket. 

Se me ocurrió que sería para mí muy enriquecedor leer más sobre el episcopado inglés medieval y compararlo con el episcopado norteafricano del siglo V. Sencillamente me apetecía leer sobre el tema, recoger las notas sobre lo que encontrara y compartirlas con mis lectores.

Esa nueva obra, de ninguna manera, iba a ser una completa explicación del episcopado medieval, ni siquiera sobre el episcopado medieval inglés. Sólo pretendía ser un libro de apuntes. Apuntes que hablarían con mayor claridad para el que hubiera leído mi previo ensayo sobre la iglesia norteafricana del final del Imperio Romano. 

Hablarían con mayor claridad porque este ensayo trataba de ser una comparación entre dos iglesias distintas, la africana y la anglosajona; dos formas de sentarse en la cátedra episcopal. Uno el templo númida y otro el templo del reino de Kent, cada uno con su vida propia y particular. Me sentí fascinado por la idea de escribir un diálogo entre templos.

Que apasionante eso si comparábamos la vida de un obispo alemán actual con esos obispos. Qué distinta era la vida episcopal de un obispo australiano del siglo XXI, respecto a un obispo del México colonial, o de un obispo nigeriano respecto a esos otros mencionados. Los detalles era lo que más me fascinaba.

En fin, en los próximos posts os ofreceré algunas de las cosas que escribí acerca de este tema. Creo que se presenta una interesante serie de posts para todos vosotros, canónigos, numerarios y terciarios franciscanos.

Eso sí, a no ser que Trump I me fuerce a hacer algún comentario. Puede ser él o puede ser el Orangután Latinoamericano par excellence. Tampoco descarto hablar de los vídeos de gatos en vez de los obispos medievales de la Heptarquía.